La Creación

Y primero la Vida despertó, y dijo: "He aquí el lugar donde he de crear". Y al volver el rostro observó a su hermano, la Muerte. Y él le respondió: "Pero todo lo creado ha de tener un final"

10 de octubre de 2011

Sobre Aleneltê (Parte 2)

¡Salud viajeros!

Hoy os traemos la segunda parte de la descripción de la ciudad Aleneltê, que dejamos pendiente en la anterior entrada:
Sobre Aleneltê (Parte 1)

No obstante, en la página correspondiente, vamos a ir copiando también lo que vayamos colgando, además del plano!
Aleneltê



Además, hemos subido una versión del plano más grande, a ver si así se ve mejor!  Plano


© Susana Ocariz y Sergio Sánchez Azor (Reservados todos los derechos).


La ciudad latía con intensidad debido a la numerosa afluencia de gente que transitaba sus calles, debido sobre todo a la fama de sus mercados, en rivalidad continúa con los mercados y ferias de Erein, al otro lado del Mar Escarlata. El verano se acababa y las ferias con motivo de la siega y la recolección de la vid dotaban de vida a la ciudad.

Cuando el carro traspasó las grandes puertas, Shaira observó con visible interés las dos torres gemelas que las franqueaban y que se cerraban a ambos lados de la muralla con dos colosales portones de cedro y hierro envejecido. Avanzaron sobre la calle principal, formada por pequeñas losetas cuadradas de pizarra de colores, creando intrincados dibujos geométricos en blanco, negro, rojo y gris. Era el desgaste de las piedras a ambos lados de la larga avenida el que señalaba la importancia de la misma, debido al constante ir y venir de carros y carruajes, y de viajeros y comerciantes.

Las casas de Aleneltê parecían surgir como si fueran rocas de la propia montaña, todas ellas blancas, rodeadas de plazas ajardinadas y muchas de ellas cubiertas con hermosos jardines colgantes. La mayoría de ellas estaban construidas en piedra. Pero la piedra blanca de Angennel, o nulya, era un material costoso por su calidad, ya que poseía una gran dureza y jamás perdía su color, por lo que no estaba al alcance de todos sus habitantes. Así pues, sólo las casas más acaudaladas y los edificios oficiales estaban construidos por entero por esa preciada piedra. Otras muchas en cambio se habían construido con otros materiales, ya fueran ladrillos de adobe u otro tipo de piedra, y se habían cubierto con estucado blanco, para después decorarlas con nulya en la base. Eran casas cuadradas, de una o dos plantas, con ventanas en forma de arco, y que en algunas casos parecían amontonarse unas sobre otras.

Los tejados eran en su mayoría lisos, de pizarra blanca, y caían a dos aguas hacia los lados, aunque también se había extendido el uso de azoteas y terrazas. De éstas surgían los jardines colgantes, formados por arbustos y plantas trepadoras que descendían y cubrían las casas blancas. Ojos de agua, cuyas flores de un color violeta claro desprendían un delicado aroma a almendras, y que se mezclaba con el aroma característico, fresco y especiado, de las verbenas blancas y azules, y de las flores de duende, con sus apretados ramilletes de colores amarillos, rojos y naranjas. Se notaba también un intenso aroma a jazmín, con sus hojas grandes y brillantes, salpicadas de pequeños ramilletes de flores blancas. Las flores de nácar, también llamadas flores de cera, se extendían por casi todas las casas con sus ramilletes de flores carnosas de color rosa pálido, con el centro rojo, y que parecían hechas de porcelana. Se abrían por la noche y era entonces cuando emitían su olor dulzón y embriagador. Tapices de lobelias de color azul violáceo cubrían paredes enteras con una profusión salvaje de flores que parecía cubrir todo el manto verde que las sostenía, acompañadas de verdaderas cascadas de campanillas blancas. En las azoteas, entre hojas de oro viejo con sus tonalidades de oro y bronce, predominaban los rosales, con rosas cálidas como de terciopelo, y de un rojo oscuro casi negro, como si fueran de sangre; y también los tallos cubiertos con pequeños bulbos rojos de las pimpinelas sangrientas. También había gran cantidad de arbustos frutales, frambuesos, groselleros y avellanos de Tensell.

Nada más atravesar las murallas se alzaban algunos edificios militares, cuarteles, caballerizas, armerías, y otros edificios administrativos. Estaban algo apartados del conjunto de la ciudad, rodeados de plazas ajardinadas con esbeltos cipreses y cedros de sabina, altos abedules, mimosas de baile con hermosas hojas de plata y flores amarillas con olor a violetas en invierno, cedros azules, pinos de fuego, de hojas grises y flores de oro, abetos y picaceas azules, y árboles sagrados. Y entre los jardines y arboledas ascendía la calle principal, Târaika. Justo en el centro de la plaza se alzaba una gran estatua de mármol representando a Ades, Dios de la Muerte, hermano de Eda. Un pedestal formado por una sola columna estriada sostenía el trono tallado con intrincados grabados. Y en él se hallaba la figura sentada del Dios, con la mano derecha alzada sosteniendo la Balanza del Destino, símbolo del equilibrio, y la mano izquierda descansando sobre la empuñadura la Espada de la Muerte, que se mantenía de pie sobre la punta del filo.

Después, Târaika se internaba hacia el oeste flanqueada por los mejores comercios de la ciudad, en su mayoría bellos locales, cuyas puertas tenían arcos ojivales y lobulados, decoradas con bajorrelieves y motivos florales, y ventanales con celosías de piedra a ambos lados.

(continúa) 



2 comentarios:

  1. Bueno no sé por qué aquí se ve pequeño el mapa de todas formas.

    Aquí, se ve mejor:

    http://erthara.foro-blog.com/t57-descripcion-de-ciudades#742

    ResponderEliminar
  2. me encanta la descripción, imágenes hermosas, muy sugerentes, y gracias por poner el mapa más grande, esta vez lo he podido ver mejor que la anterior. Aunque después de esta descripción y de la siguiente (llego tarde, y he leído primero la última entrada, je) casi que no me ha hecho falta ver el mapa, me habéis mostrado muy bien la ciudad.

    ResponderEliminar

Translate