La Creación

Y primero la Vida despertó, y dijo: "He aquí el lugar donde he de crear". Y al volver el rostro observó a su hermano, la Muerte. Y él le respondió: "Pero todo lo creado ha de tener un final"

29 de octubre de 2011

Linsk, la bebida de los más atrevidos.

¡Salud viajeros!

Lo primero de todo perdonad el retraso en actualizar. Pero sabemos que Erthara no puede seguir esperando y hay que crear. Y, como lo prometido es deuda, hoy venimos a hablar de una de las bebidas predilectas de los elfos Nareltha, el linsk. Es curiosa la anécdota de cómo surgió esta bebida y realmente está inspirada en el absenta y la leyenda del hada verde. Se decía en el siglo XIX que el beber absenta producía extrañas alucinaciones y, hasta incluso, llegar a ver un hada verde. Lo bebieron muchos pintores famosos como Van Gogh o Picasso. Imaginad la estampa típica de un café parisino, a finales del siglo de las luces, entre humos y bailarinas, tomándonos un licor de absenta entre poetas, pintores, músicos y otras gentes de mal vivir. Pues bien, la equivalencia del absenta en el mundo de Erthara es el linsk.







Volviendo a la anécdota, en el 2007 cuando pusimos las bases del pueblo nareltha y estábamos creando en aquel momento para el juego de la Guerra de los Clanes, les hablé a Susana y otros amigos, que entonces estaban en el juego, del absenta y la curiosa leyenda del hada verde. No sé si fue en la misma conversación de messenger cuando alguien en vez de poner "link" puso "linsk", se le fue el dedo jeje. La palabra sonaba extraña, así que la adoptamos para nombrar a nuestra bebida "El linsk" y así nació nuestra taberna, "El Hada Verde". Ahí empezó todo. Además se da la circunstancia de que hay absenta de varios "colores" y entre ellos el "verde" asociado a los elthalântar y el "rojo" asociado a los "narelântar". ¡Ni que mejor! No obstante, hay que aclarar, antes de que os asustéis, que el "linsk", a pesar de que es una bebida fuerte, no es tan fuerte como el absenta, es mucho más suave, ¡que sino los nareltha estarían muy mal de la cabeza!

Volviendo al tema, el linsk es la bebida más popular entre los Nareltha, reñida en su uso con el vino (entre las clases altas) y la cerveza (entre las clases bajas). La palabra que le da nombre posiblemente es un préstamo antiguo de otra lengua, porque no comparte características con la estética del idioma naralthane.

Consiste en la destilación de un preparado de hierbas compuesto por ajenjo, hinojo, regaliz, hierbabuena y menta, produciendo una bebida alcohólica fuerte debido al ajenjo pero refrescante debido a la menta y la hierbabuena. Originalmente, la bebida tenía una tonalidad verde debido sobre todo a los colorantes propios de la menta y el ajenjo. Sin embargo, con el correr del tiempo, se generalizó el uso de una variedad de tonalidad rojiza, usándose una hierba especial conocida como “menta roja” que era bastante rara en la antigüedad y que sólo crecía silvestre en las umbrías de la Sierra de Ylelyene. Muchos nareltha acabaron por cultivarla. 

De esta manera, en el año 1412 de la Tercera Era., el linsk es muy bebido en Aleneltê, sobre todo la variedad roja, debido a que los narelântar ocupan el poder. Y la taberna por excelencia donde se prepara el mejor linsk de la ciudad, es el "Hada Verde". En la misteriosa taberna de "El Destino" y en el antro de mala muerte conocido como "El Ornitorrinco Sangriento" también se preparan buenos preparados de Linsk. 

Otros pueblos, entre ellos los pueblos humanos del este, al otro lado del mar, han intentado adaptar la receta pero nunca, en ningún rincón de Aranorth, se ha conseguido un preparado linsk de tal exquisitez como el que se puede tomar en Aleneltê y, sobre todo, en la taberna "El Hada Verde". 

Y con esto, terminamos la entrada de hoy. Sólo desearos que paséis buena noche de terror el próximo 31 de octubre. En Erthara nos vamos de acampada nocturna a hacer un ritual a las estrellas.

¡Hasta pronto!

16 de octubre de 2011

Sobre Aleneltê (Parte 3 y última)

¡Salud, viajeros!

Os traemos la tercera y última parte del relato que describe la capital de los elfos Nareltha, ¡qué lo disfrutéis!

*Como os dijimos en la anterior entrada, en la página correspondiente, vamos a ir copiando también lo que vayamos colgando, además del plano!
Aleneltê


© Susana Ocariz y Sergio Sánchez Azor (Reservados todos los derechos).
En las primeras calles de Aleneltê se vendían las mejores telas, perfumes, joyas, y exquisitos alimentos provenientes de los lugares más remotos de Aranorth. Alfareros y ceramistas, carpinteros, herreros, costureros, hilanderos, armeros, vidrieros, alfombreros, todos ellos habían abierto sus locales hacia la izquierda de la ciudad. Hacia la derecha, pequeños comercios, sobre todo dedicados al sector de la alimentación. La calle de los panaderos y pasteleros destacaba por su aroma a pan crujiente y bizcocho caliente, bollos de crema y pluma dulce, nata y chocolate. Un poco más arriba, la calle de los mieleros, cuyas tiendas estaban llenas de enormes tarros de cristal llenos de miel de colores y sabores diferentes, sobre todo de miel de azahar y miel de romero. La zona de los especieros se mezclaba con la de los herboristas, así como el aroma entre dulce y picante que se desprendía de ellas, vainilla, nuez moscada, pimienta, azafrán, clavo.

Más hacia la derecha se hallaba uno de los poco barrios mixtos de la ciudad, donde aún vivían familias elthalântar y narelântar y, en cuyo centro, se erigía una de las fuentes más hermosas de Aleneltê, coronada por una imagen de Eda, Diosa de la Vida. La figura de la Diosa estaba hecha de bronce, así como la del león que descansaba a sus pies, pero la esfera que representaba Erthara, la Tierra, era de ámbar pulido. Bajo la Diosa y el León, un manto de campanillas rojas y hojas verdes caían en cascada sobre una columna de mármol negro, de la que surgían cuatro caños que vertían el agua sobre la base cuadrada de la fuente, tallada con intrincados motivos geométricos. Era ésta la fuente que daba nombre a la plaza central de Aleneltê, la Edaseba.

Internándose en la ciudad, y siguiendo Târaika hacia las montañas, la ciudad se expandía, aumentando la calidad de sus casas y edificios a medida que se acercaba al Segundo Círculo de Murallas y a la gran Puerta Azul de Ishana, que daba paso a la ciudadela, la zona más protegida de la ciudad. La Puerta estaba compuesta por dos torres almenadas, y un arco ojival entre ellas, cerrado por un portón de ébano tallado rematado por tacos de hierro forjado, ante el cual había una guardia permanente que lo custodiaba día y noche. Y si bien las Segundas Murallas estaban hechas por grandes bloques de piedra nulya, tanto las dos torres como el arco de la Puerta de Ishana estaban revestidos por cientos de brillantes ladrillos vidriados de color azul intenso, ribeteados por otros más pequeños, de plata y oro, y dispuestos formando soles, estrellas y lunas.

A partir de allí se formaba la Ciudadela de Hikkanâ, La Inconquistable, donde se erigían los edificios políticos y militares más importantes de Elerthe, así como las grandes mansiones de los más nobles Nare y Eltha.
Nada más atravesar la Puerta Azul se abría una gran plaza ajardinada, la Plaza del Equilibrio, con fuentes y pequeños canales de agua que corrían entre hermosos robles y abedules, con árboles de hojas de plata y oro, presidida por una gigantesca estatua de marfil que representaba un roble milenario tallado al detalle, con hojas revestidas de finísimas láminas de oro. En su tronco se podía vislumbrar el rostro severo pero a la vez afable de Earalava, el espíritu de Eda guardián de los Onnar de los Nareltha. A los pies del árbol de piedra, descansaba la también impresionante talla en marfil de un majestuoso león, con la melena y los ojos de oro, símbolo de Eda. El conjunto representaba el Equilibrio otorgado por Eda en los albores de la historia Nareltha. Alrededor de aquella estatua se hallaban los distintos edificios administrativos y de gobierno como eran los edificios del Nyaze, el Consejo de Gobierno, y la Asamblea, la Academia, la Biblioteca y el Templo de Eda, además de la Casas de la Moneda y el Cuartel General del Ejército. Junto a la montaña, se abrían adentrándose entre cuevas precedidas por una fachada tallada en la misma piedra, los baños de agua caliente termal.

Y dejando atrás la zona administrativa, hacia la derecha de la Plaza del Equilibrio,  varias avenidas arboladas se abrían paso entre las mansiones de los más altos cargos de la ciudad y de la mayor parte de los nobles, donde todavía convivían Eltha y Nare.

Mientras que en una esquina, al pie de la montaña, se hallaba una pequeña arboleda, la Arboleda Sagrada. Y tras ella se encontraba un sendero escondido y escarpado que se elevaba a través de la blanca piedra de Angennel, y ascendía hasta la gran explanada llamada Nyale, Sombra de Luna, donde se alzaba la colina de Hysenye, envuelta en niebla, la cual protegía el Aya, el lugar donde se hallaban escondido el Templete de las Espadas. Allí también se encontraba la Casa de los Guardianes de las Espadas, así como una de las fábricas de material militar más importantes para los Nare.

El resto de la ciudad se hallaba dividida entre los Barrios Elthalântar y los Barrios de los Narelântar, separados ambas zonas por el gran Mercado de la ciudad, alrededor del cual se hallaban algunas de las tabernas y posadas más famosas de la ciudad.

10 de octubre de 2011

Sobre Aleneltê (Parte 2)

¡Salud viajeros!

Hoy os traemos la segunda parte de la descripción de la ciudad Aleneltê, que dejamos pendiente en la anterior entrada:
Sobre Aleneltê (Parte 1)

No obstante, en la página correspondiente, vamos a ir copiando también lo que vayamos colgando, además del plano!
Aleneltê



Además, hemos subido una versión del plano más grande, a ver si así se ve mejor!  Plano


© Susana Ocariz y Sergio Sánchez Azor (Reservados todos los derechos).


La ciudad latía con intensidad debido a la numerosa afluencia de gente que transitaba sus calles, debido sobre todo a la fama de sus mercados, en rivalidad continúa con los mercados y ferias de Erein, al otro lado del Mar Escarlata. El verano se acababa y las ferias con motivo de la siega y la recolección de la vid dotaban de vida a la ciudad.

Cuando el carro traspasó las grandes puertas, Shaira observó con visible interés las dos torres gemelas que las franqueaban y que se cerraban a ambos lados de la muralla con dos colosales portones de cedro y hierro envejecido. Avanzaron sobre la calle principal, formada por pequeñas losetas cuadradas de pizarra de colores, creando intrincados dibujos geométricos en blanco, negro, rojo y gris. Era el desgaste de las piedras a ambos lados de la larga avenida el que señalaba la importancia de la misma, debido al constante ir y venir de carros y carruajes, y de viajeros y comerciantes.

Las casas de Aleneltê parecían surgir como si fueran rocas de la propia montaña, todas ellas blancas, rodeadas de plazas ajardinadas y muchas de ellas cubiertas con hermosos jardines colgantes. La mayoría de ellas estaban construidas en piedra. Pero la piedra blanca de Angennel, o nulya, era un material costoso por su calidad, ya que poseía una gran dureza y jamás perdía su color, por lo que no estaba al alcance de todos sus habitantes. Así pues, sólo las casas más acaudaladas y los edificios oficiales estaban construidos por entero por esa preciada piedra. Otras muchas en cambio se habían construido con otros materiales, ya fueran ladrillos de adobe u otro tipo de piedra, y se habían cubierto con estucado blanco, para después decorarlas con nulya en la base. Eran casas cuadradas, de una o dos plantas, con ventanas en forma de arco, y que en algunas casos parecían amontonarse unas sobre otras.

Los tejados eran en su mayoría lisos, de pizarra blanca, y caían a dos aguas hacia los lados, aunque también se había extendido el uso de azoteas y terrazas. De éstas surgían los jardines colgantes, formados por arbustos y plantas trepadoras que descendían y cubrían las casas blancas. Ojos de agua, cuyas flores de un color violeta claro desprendían un delicado aroma a almendras, y que se mezclaba con el aroma característico, fresco y especiado, de las verbenas blancas y azules, y de las flores de duende, con sus apretados ramilletes de colores amarillos, rojos y naranjas. Se notaba también un intenso aroma a jazmín, con sus hojas grandes y brillantes, salpicadas de pequeños ramilletes de flores blancas. Las flores de nácar, también llamadas flores de cera, se extendían por casi todas las casas con sus ramilletes de flores carnosas de color rosa pálido, con el centro rojo, y que parecían hechas de porcelana. Se abrían por la noche y era entonces cuando emitían su olor dulzón y embriagador. Tapices de lobelias de color azul violáceo cubrían paredes enteras con una profusión salvaje de flores que parecía cubrir todo el manto verde que las sostenía, acompañadas de verdaderas cascadas de campanillas blancas. En las azoteas, entre hojas de oro viejo con sus tonalidades de oro y bronce, predominaban los rosales, con rosas cálidas como de terciopelo, y de un rojo oscuro casi negro, como si fueran de sangre; y también los tallos cubiertos con pequeños bulbos rojos de las pimpinelas sangrientas. También había gran cantidad de arbustos frutales, frambuesos, groselleros y avellanos de Tensell.

Nada más atravesar las murallas se alzaban algunos edificios militares, cuarteles, caballerizas, armerías, y otros edificios administrativos. Estaban algo apartados del conjunto de la ciudad, rodeados de plazas ajardinadas con esbeltos cipreses y cedros de sabina, altos abedules, mimosas de baile con hermosas hojas de plata y flores amarillas con olor a violetas en invierno, cedros azules, pinos de fuego, de hojas grises y flores de oro, abetos y picaceas azules, y árboles sagrados. Y entre los jardines y arboledas ascendía la calle principal, Târaika. Justo en el centro de la plaza se alzaba una gran estatua de mármol representando a Ades, Dios de la Muerte, hermano de Eda. Un pedestal formado por una sola columna estriada sostenía el trono tallado con intrincados grabados. Y en él se hallaba la figura sentada del Dios, con la mano derecha alzada sosteniendo la Balanza del Destino, símbolo del equilibrio, y la mano izquierda descansando sobre la empuñadura la Espada de la Muerte, que se mantenía de pie sobre la punta del filo.

Después, Târaika se internaba hacia el oeste flanqueada por los mejores comercios de la ciudad, en su mayoría bellos locales, cuyas puertas tenían arcos ojivales y lobulados, decoradas con bajorrelieves y motivos florales, y ventanales con celosías de piedra a ambos lados.

(continúa) 



2 de octubre de 2011

Sobre Aleneltê (Parte 1)

¡Saludos Viajeros!

Estos días hemos estado trabajando en Aleneltê (pronunciado Alenelté), la ciudad de los elfos Nareltha. Un lugar que os acabará resultando muy familiar porque allí tendrán lugar la mayoría de los sucesos que se narrarán en Sangre de Hermanos. A la hora de ponerte a describir una ciudad no es nada fácil, tienes que imaginarte estando allí, paseando por sus calles, y ponerte en la piel de un arquitecto y constructor! Susana y yo nos veíamos ya con el casco y con los planos. Hablando de planos, tenemos un planito de la ciudad! El original es de un amigo nuestro al cual le agradecemos el tiempo dedicado! Un plano que nosotros hemos adaptado. Como la descripción es bastante larga, en esta primera entrega os traemos un trocito, más el mapa y la leyenda. Os dejamos con él, muchas gracias por vuestras visitas y por dedicar parte de vuestro tiempo en leer lo que aquí os mostramos con cariño!

© Susana Ocariz y Sergio Sánchez Azor (Reservados todos los derechos).



Débiles rayos de sol traspasaban el cúmulo de nubes grises que cubrían el cielo, pero ya no llovía. Apenas pasaba el mediodía cuando la comitiva procedente de Thyrent alcanzó la Puerta de Elerthe, entrada principal de la ciudad.

Aleneltê. La Ciudad de la Sombra Blanca. Enclavada entre las majestuosas y escarpadas paredes de piedra de Angennel, las Montañas Blancas, era una ciudad milenaria fundada más de 7000 años atrás, en el año 6404 de las Eras de la Piedra, al amparo de las blancas cumbres del norte. Una joya engastada entre piedras cubiertas de musgo verde, y parecía surgir de las mismas entrañas de las montañas, extendiéndose hacia el este, hasta los verdes campos del Valle de Narbâs y hacia el sur hasta la orilla del Mar Escarlata, donde se hallaba el puerto de la ciudad. Aquella tierra había sido el hogar de los elfos Nareltha desde el momento en que alcanzaron las verdes tierras de Elerthe, tierra de extensas praderas y frondosos bosques.

Shaira miró abstraída la ciudad. Cuarenta años. Habían pasado ya cuatro décadas desde la última vez que pisara la ciudad y muchas cosas habían cambiado en ella. Seis años después de que ella y su hermana iniciaran su instrucción en Thyrent, su pueblo había puesto fin a cientos de años de dominio autoritario de los Elthalântar, ocupando el poder y el gobierno de la ciudad. Aleneltê, por tanto, olía a narelânta, a sangre y hueso, pero también a naranjas, a azafrán y a canela, y aquello Shaira lo percibió con satisfacción desde el momento en que se acercaron a la ciudad. Tan diferente de la última vez, cuando la elfa abandonó la ciudad y ésta se hallaba impregnada de aquel aroma a tomillo y fresno, de almendras y zarzamora, típico de los elthalântar.

(continua)


Para ver el plano más grande pincha en la imagen.

Leyenda:

  1. Puerta de Elerthe y Estatua de Ades
  2. Zona de armerías y aduana.
  3. Taraika, calle principal.
  4. Zona de comercios de artesanía.
  5. Zona de comercios de alimentación.
  6. Estatua de Eda.
  7. Puerta de Ireia.
  8. Estatua del Equilibrio.
  9. Edificios del Nyaze y la Asamblea.
  10. Academia
  11. Biblioteca.
  12. Casa de la moneda y del comercio.
  13. Cuartel General del Ejército
  14. Templo de Eda.
  15. Termas
  16. Casas nobles tanto de los Nare como de los Eltha
  17. Barrios mixtos
  18. Mercado
  19. Barrios Elthalântar
  20. Barrios Narelântar
  21. Barrios Magar (mixtos)
  22. Arboleda Sagrada
  23. El Puerto

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