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Mostrando entradas de enero, 2012

Las Casas de Curación de Semre’en

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Recostada entre varios cadáveres amontonados, miraba sin ver aquél cuerpo irreconocible que poco antes había albergado sus manos, ahora pintadas del color de su sangre. Se pasó la mano por la cara, y el rastro se sumó al de tantos otros, formando un curioso contraste de tonalidades rojas. No sabía cuanto tiempo llevaba allí. Había perdido la cuenta de las horas hacía ya mucho tiempo, y aunque se esforzaba por retornar a la realidad del momento, y por reunir las fuerzas necesarias para conseguir volver a la ciudad, no lo había conseguido aún, y no sabía si lo conseguiría por sí misma. Cuervos, buitres y lobos se encontraban en esos momentos celebrando un festín a costa de los miles de cuerpos caídos. A lo lejos divisaba de vez en cuando figuras en la sombra de la noche, hombres, trentis o elfos que volvían de regreso a la ciudad. Algunos de ellos apenas conseguían arrastrarse entre los cadáveres. Y eran muchos los que caían desfallecidos, y perecían en el intento. Y es que el cao...

El sitio de Semre’en

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Hacía ya casi tres días que la tierra había temblado bajo sus pies. Cerrando los ojos, se dejó llevar por el sopor en el que sentía sumido su cuerpo debido a las fuertes medicinas contra el dolor. Pero su mente estaba despierta, a pesar de que en aquél momento solamente deseara olvidar. Recordaba el campo de batalla. Una imagen de sí misma, en medio de un campo plagado de muerte. De pie entre miles de cadáveres, mientras su sangre regaba la tierra, apoyada levemente en su espada clavada en un cuerpo inerte. El viento del anochecer agitaba suavemente su cabello, apelmazado debido a la suciedad de sangre y barro. Su rostro, teñido de un rojo oscuro, reflejaba un profundo cansancio. Una herida en la sien contrastaba como un río de un rojo vivo, frente al rojo apagado de la sangre seca, la propia y la ajena. Pero el fuego de sus ojos, aquél que persistía a pesar de todos los embates de su cuerpo, aún no se había apagado. Su alma inmortal de Aenari, caída en el abismo del mal que la ...

Nuevo diseño para el día de Reyes

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¡Saludos Viajeros! Hace año y medio que Erthara nació. No obstante, algunos de los pueblos y los personajes que habitan o han habitado este mundo, llevan muchos más años en nuestra  mente. Parece que fue ayer, no obstante, que decidimos embarcarnos en esta aventura, no sin muchas dudas y cavilaciones. Hoy no hay dudas, hoy hay ilusión, ganas y perseverancia. En el día de Reyes, os invitamos a compartir con nosotros el nuevo traje que le hemos regalado a Erthara. ¡Sí, se ha portado tan bien este año que se lo merecía! Cómo veréis, al entrar aquí, hemos cambiado el diseño y hemos añadido una nueva imagen para la cabecera. Las Espadas de Eda titula arriba, es la primera historia que ha sido dada a conocer y, cuyo primer libro será Sangre de Hermanos. Pero, como ponemos justo debajo, “descubre las Historias de Erthara”, no es la única. Los anales de Erthara datan una historia escrita de más de dos decenas de miles de años (aunque Erthara surgió del pensamiento de Eda y Ades muchos mi...

Relatos atemporales: El Sitio de Eithel Sirion

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"El Sitio de Eithel Sirion" Fingolfin el Valiente ha caído. Ni siquiera cuando llegó la Llama nos sobrecogió un pesar mayor que entonces, cuando las águilas trajeron las tristes noticias a Hisílomë. Así la llamó él un día, cuando el cuerno poderoso resonó al levantarse el Sol por vez primera sobre la tierra. Ahora esa niebla invade nuestra esperanza día a día, con una oscuridad que ni los rayos de ella consiguen vencer. La llamamos la Dagor Bragollach porque las llamas que arrasaron la tierra llegaron de improviso. Muchos cayeron entonces, sin opción alguna a defender sus vidas. Los huesos quemados quedaron esparcidos por Ard-galen. Pero ése fue sólo el primero de los muchos pesares que llegarían después. Esa batalla concluyó hará algunos años. Aunque para nosotros parece no tener fin. La tierra ha cambiado tanto desde entonces... Pero todavía luchamos por ella. Y por nuestras vidas. Sin esperanza alguna. Pero sin tregua tampoco. Las lágrimas se han agotado...