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Mostrando entradas de marzo, 2012

El Lago Espejo

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Mientras la compañía del rey Eartan se hallaba en la frontera del norte conteniendo a nuevas compañías de Tet Wup que intentaban penetrar en las tierras de Kelthist, los caballeros Aiglat y Driane habían conseguido llegar hasta el corazón del vecino del norte pero aún no habían conseguido hacer saquear la capital de Tet Wup, Kotow. Con los pies sumergidos en la cristalina agua del lago, Annamel podía sentir la fresca sensación del agua mojando su piel. Se encontraba aburrida pero al mismo tiempo inquieta. Todos los caballeros de Alianza de Kelthist estaban inmersos en las numerosas batallas que el reino estaba sufriendo y ella estaba allí, a la espera de noticias qué tardaban en llegar. La brisa era suave y fresca, y el agua lamía la orilla con suavidad, como un amante. La noche estaba cayendo y, por encima de su cabeza, las estrellas trazaban un dibujo de filigrana. No se oía más que el rumor del viento entre los árboles y los suaves golpes del agua contra la orilla del lago. Se...

La Isla de la Media Luna

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El tiempo estaba cambiando y el invierno parecía haber descendido sobre las tierras de Kelthist repentinamente. Las mañanas aparecían cubiertas de una suave niebla, y el sol apenas era suficiente como para deshacerlas levemente en pequeños jirones que iban desapareciendo a lo largo del día. Abandonaron la ciudad de Tylevost amparados por la noche cubierta de estrellas y no miraron atrás. El hedor de la ciudad devastada los seguía, como un dedo acusador sobre el mal que habían llevado a aquellas tierras en otro tiempo hermosas. Ahora ya no quedaba nada. Sólo piedras muertas. Mientras salían de la ciudad, Adanha paseó la mirada por el campo plagado de cabezas cercenadas que se extendía a los pies de los muros. Un cuervo parecía empeñado en arrancar a través de la carne roja del cuello una vena que le debía parecer especialmente apetitosa. Uno de los ojos del hombre, que un día mirara extasiado la belleza de la noche estrellada, pendía levemente de su cuenca. El otro permanecía tod...

El Castigo de Tylevost

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Cientos de gaviotas aleteaban nerviosas alrededor del barco. Miró con cierto recelo la costa que por fin vislumbraba hacia el oeste, donde aparecía una delgada línea verde cortando el hasta ahora eterno azul del horizonte. Estremecida por cierta sensación de presagio, acentuada quizás por el intenso viento que azotaba la costa, se abrazó a sí misma, intentando ajustar al mismo tiempo la capa negra que le servía de abrigo. ¿Cuántos días llevaban ya navegando, con las velas negras extendidas, intentando ganar tiempo al tiempo, y luchando contra el empuje del mar? Los días se habían fundido unos con otros, y el tiempo parecía haberse convertido en algo eterno y a la vez difuso en su mente. Se volvió de pronto, y con paso rápido se dirigió a su camarote, buscando refugio frente a aquél viento salado. Cuando entró, el viento cesó de pronto, y agradeció la calma repentina, intensa en su sensación completamente opuesta. Recordaba haber llegado a Tharlond. La ciudad, con sus comerci...