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El Lago Espejo

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Mientras la compañía del rey Eartan se hallaba en la frontera del norte conteniendo a nuevas compañías de Tet Wup que intentaban penetrar en las tierras de Kelthist, los caballeros Aiglat y Driane habían conseguido llegar hasta el corazón del vecino del norte pero aún no habían conseguido hacer saquear la capital de Tet Wup, Kotow. Con los pies sumergidos en la cristalina agua del lago, Annamel podía sentir la fresca sensación del agua mojando su piel. Se encontraba aburrida pero al mismo tiempo inquieta. Todos los caballeros de Alianza de Kelthist estaban inmersos en las numerosas batallas que el reino estaba sufriendo y ella estaba allí, a la espera de noticias qué tardaban en llegar. La brisa era suave y fresca, y el agua lamía la orilla con suavidad, como un amante. La noche estaba cayendo y, por encima de su cabeza, las estrellas trazaban un dibujo de filigrana. No se oía más que el rumor del viento entre los árboles y los suaves golpes del agua contra la orilla del lago. Se...

La Isla de la Media Luna

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El tiempo estaba cambiando y el invierno parecía haber descendido sobre las tierras de Kelthist repentinamente. Las mañanas aparecían cubiertas de una suave niebla, y el sol apenas era suficiente como para deshacerlas levemente en pequeños jirones que iban desapareciendo a lo largo del día. Abandonaron la ciudad de Tylevost amparados por la noche cubierta de estrellas y no miraron atrás. El hedor de la ciudad devastada los seguía, como un dedo acusador sobre el mal que habían llevado a aquellas tierras en otro tiempo hermosas. Ahora ya no quedaba nada. Sólo piedras muertas. Mientras salían de la ciudad, Adanha paseó la mirada por el campo plagado de cabezas cercenadas que se extendía a los pies de los muros. Un cuervo parecía empeñado en arrancar a través de la carne roja del cuello una vena que le debía parecer especialmente apetitosa. Uno de los ojos del hombre, que un día mirara extasiado la belleza de la noche estrellada, pendía levemente de su cuenca. El otro permanecía tod...

El Castigo de Tylevost

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Cientos de gaviotas aleteaban nerviosas alrededor del barco. Miró con cierto recelo la costa que por fin vislumbraba hacia el oeste, donde aparecía una delgada línea verde cortando el hasta ahora eterno azul del horizonte. Estremecida por cierta sensación de presagio, acentuada quizás por el intenso viento que azotaba la costa, se abrazó a sí misma, intentando ajustar al mismo tiempo la capa negra que le servía de abrigo. ¿Cuántos días llevaban ya navegando, con las velas negras extendidas, intentando ganar tiempo al tiempo, y luchando contra el empuje del mar? Los días se habían fundido unos con otros, y el tiempo parecía haberse convertido en algo eterno y a la vez difuso en su mente. Se volvió de pronto, y con paso rápido se dirigió a su camarote, buscando refugio frente a aquél viento salado. Cuando entró, el viento cesó de pronto, y agradeció la calma repentina, intensa en su sensación completamente opuesta. Recordaba haber llegado a Tharlond. La ciudad, con sus comerci...

Las Casas de Curación de Semre’en

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Recostada entre varios cadáveres amontonados, miraba sin ver aquél cuerpo irreconocible que poco antes había albergado sus manos, ahora pintadas del color de su sangre. Se pasó la mano por la cara, y el rastro se sumó al de tantos otros, formando un curioso contraste de tonalidades rojas. No sabía cuanto tiempo llevaba allí. Había perdido la cuenta de las horas hacía ya mucho tiempo, y aunque se esforzaba por retornar a la realidad del momento, y por reunir las fuerzas necesarias para conseguir volver a la ciudad, no lo había conseguido aún, y no sabía si lo conseguiría por sí misma. Cuervos, buitres y lobos se encontraban en esos momentos celebrando un festín a costa de los miles de cuerpos caídos. A lo lejos divisaba de vez en cuando figuras en la sombra de la noche, hombres, trentis o elfos que volvían de regreso a la ciudad. Algunos de ellos apenas conseguían arrastrarse entre los cadáveres. Y eran muchos los que caían desfallecidos, y perecían en el intento. Y es que el cao...

El sitio de Semre’en

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Hacía ya casi tres días que la tierra había temblado bajo sus pies. Cerrando los ojos, se dejó llevar por el sopor en el que sentía sumido su cuerpo debido a las fuertes medicinas contra el dolor. Pero su mente estaba despierta, a pesar de que en aquél momento solamente deseara olvidar. Recordaba el campo de batalla. Una imagen de sí misma, en medio de un campo plagado de muerte. De pie entre miles de cadáveres, mientras su sangre regaba la tierra, apoyada levemente en su espada clavada en un cuerpo inerte. El viento del anochecer agitaba suavemente su cabello, apelmazado debido a la suciedad de sangre y barro. Su rostro, teñido de un rojo oscuro, reflejaba un profundo cansancio. Una herida en la sien contrastaba como un río de un rojo vivo, frente al rojo apagado de la sangre seca, la propia y la ajena. Pero el fuego de sus ojos, aquél que persistía a pesar de todos los embates de su cuerpo, aún no se había apagado. Su alma inmortal de Aenari, caída en el abismo del mal que la ...

Nuevo diseño para el día de Reyes

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¡Saludos Viajeros! Hace año y medio que Erthara nació. No obstante, algunos de los pueblos y los personajes que habitan o han habitado este mundo, llevan muchos más años en nuestra  mente. Parece que fue ayer, no obstante, que decidimos embarcarnos en esta aventura, no sin muchas dudas y cavilaciones. Hoy no hay dudas, hoy hay ilusión, ganas y perseverancia. En el día de Reyes, os invitamos a compartir con nosotros el nuevo traje que le hemos regalado a Erthara. ¡Sí, se ha portado tan bien este año que se lo merecía! Cómo veréis, al entrar aquí, hemos cambiado el diseño y hemos añadido una nueva imagen para la cabecera. Las Espadas de Eda titula arriba, es la primera historia que ha sido dada a conocer y, cuyo primer libro será Sangre de Hermanos. Pero, como ponemos justo debajo, “descubre las Historias de Erthara”, no es la única. Los anales de Erthara datan una historia escrita de más de dos decenas de miles de años (aunque Erthara surgió del pensamiento de Eda y Ades muchos mi...