Las Espadas de Eda y la libertad del lector
¿Quién decide lo que significa una historia, el escritor o el lector? Nosotros somos de la opinión de que es el segundo. Inspirados por el concepto de aplicabilidad de Tolkien, exploramos por qué preferimos que nuestra historia tenga significados distintos para cada persona que la lee.
«Detesto cordialmente la alegoría en todas sus manifestaciones», decía J. R. R. Tolkien.
Con ello no quería decir que una historia careciera de significado, sino que prefería que este no quedase limitado a una interpretación impuesta por el autor, sino que pudiera adaptarse al pensamiento y la experiencia de los lectores.
Es lo que Tolkien denominaba aplicabilidad, en contraposición a la alegoría. En la primera, el escritor deja al lector la libertad de interpretar los elementos de una obra y relacionarlos con sus propias experiencias, mientras que en la segunda existe una correspondencia deliberada por parte del autor entre determinados elementos de la ficción y aquello que él pretende representar. Por ejemplo, en Las Crónicas de Narnia, Aslan posee una clara correspondencia con Jesucristo.
Por su parte, Tolkien trasladó a sus historias parte de sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial, pero El Señor de los Anillos no es una alegoría de aquella contienda. Sus vivencias pudieron alimentar la obra sin determinar lo que esta debía significar para sus lectores.
Algo parecido ocurre en Sangre de Hermanos. Para construir el enfrentamiento entre los nareltha nos hemos inspirado en conflictos y guerras civiles reales, pero no pretende representar ninguna en concreto. La historia puede nutrirse de la realidad sin convertirse en una alegoría de ella, como es el caso de Canción de Hielo y Fuego, inspirado en la Guerra de las Rosas.
Los nare son los nare y los eltha son los eltha. Luego un lector puede encontrar semejanzas con conflictos históricos, políticos, religiosos, étnicos o incluso familiares que conozca, pero esa conexión la aporta él. Ahí vuelve a aparecer precisamente la aplicabilidad.
Nuestras experiencias y vivencias personales también han influido a la hora de crear algunos personajes, pero, de nuevo, no dejan de ser eso: inspiraciones. Alie y Deryan, por ejemplo, están inspirados en Romeo y Julieta, pero nuestra novela no es una reinterpretación de la obra de Shakespeare. Su historia parte de un amor prohibido, como tantos otros que han existido a lo largo de la historia de la ficción, pero a partir de ahí sigue su propio camino.
Por eso tampoco pretendemos imponer una interpretación única sobre la forma de actuar de nuestros personajes. Cada persona, al leer la novela, tendrá su opinión sobre cómo interpreta sus motivaciones, sobre si actúan bien o mal, si sus actos están justificados o si merecen ser perdonados. Y es algo que hemos podido comprobar desde que publicamos la novela. ¿Quién tiene razón? ¿Alie, al dejarse llevar por lo que siente? ¿Shaira, al elegir su camino en contra de lo que se espera de ella? ¿Deryan, al luchar por conseguir aquello que desea cueste lo que cueste? ¿Ewen, al anteponer su deseo de venganza a todo lo demás? ¿Luarelun, al poner Las Espadas de Eda por encima de cualquier otra obligación?
Hay lectores que comprenden a determinados personajes mientras otros no pueden soportarlos. Algunos justifican decisiones que otros condenan. Incluso hemos mantenido más de una «discusión» en el buen sentido de la palabra sobre quién tenía razón en determinados momentos (algo que, por cierto, nos encanta).
Nos parece muy bonito, porque hace que la experiencia de cada lector esté viva. La historia es la misma, pero no necesariamente lo es la historia que cada uno se lleva consigo después de cerrar el libro.
Las propias Espadas de Eda son quizá el mejor ejemplo. ¿Qué representa la lucha por el Equilibrio en nuestra obra? Puede evocarnos la lucha por el poder político, tan presente en nuestros días; la degradación de la naturaleza; el difícil equilibrio entre lo que deseamos y lo que debemos hacer; o incluso determinados aspectos de la propia condición humana. Pero no existe una respuesta que queramos imponer. Eso es algo que tú, querido lector, decidirás.
Y lo mismo sucede con las Espadas. Para algunos pueden representar el ansia de poder; para otros, el fanatismo, el deber, la naturaleza o aquello que consideramos sagrado y sentimos la obligación de proteger. O quizá representen para ti algo que nosotros nunca llegamos a imaginar mientras escribíamos la saga.
Por eso te invitamos a que, si lees nuestra obra, nos cuentes cómo la has vivido. Qué opinas de sus personajes, a quién comprendes y a quién no, qué decisiones habrías tomado tú en su lugar o qué representan para ti las Espadas de Eda y la lucha por el Equilibrio.
Porque nosotros hemos escrito la historia, pero no queremos decidir qué debe significar para ti.
Esa parte de Las Espadas de Eda, querido lector, te pertenece a ti.

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