Entradas

Elerthe, una tierra de montañas, bosques y prados

Imagen
¡Saludos Viajeros! Hace tiempo que no creábamos una nueva entrada en el blog. Espero que nos sepáis perdonar pero estamos de lleno en la recta final del libro Sangre de Hermanos. Sin embargo, ya tocaba. Y, para esta nueva entrada, hemos decidido presentar oficialmente Elerthe, la tierra donde se desarrolla el libro. Aunque en la sección de páginas hay un esbozo de Elerthe, hoy vamos a contaros un poco más de ella. Elerthe ya es como nuestra comarca particular, es nuestro hogar, nuestra casa. ¡Hemos desarrollado tantas cosas en este lugar que ya no concebimos nuestras vidas sin ella! La primera vez que pusimos un pie en este lugar fue hace muchos años (¡ya cinco!) pero entonces recibía otro nombre. El nombre proviene de la raíz Ele- "Equilibrio" y -erthe "tierra, país, región". Elerthe, el País del Equilibrio. Es un lugar donde a todos os gustaría vivir, al menos a los que os guste la naturaleza, los grandes bosques de árboles impresionantes y las extensas prad...

La Asesina

Imagen
Los gritos aún palpitaban en su cabeza, el eco de unos acontecimientos horribles y nefastos. Siempre se dijo que todo final tiene un principio, y así había ocurrido en las terrosas calles de Kotow. La mente le daba vueltas y se sentía en un vaivén de murmullos opacos y distantes. Sentada al pie de un árbol, se tapó con la capa que le había robado a su marido antes de huir tan inesperadamente… Sentía frío. Las gaviotas doloridas partían presto hacia el amanecer, todo para ella ya había acabado… El cruel desenlace de los acontecimientos había hecho que ella se hubiera planteado partir aquella misma mañana fuera de la ciudad de Kotow, que se arrugaba de la confusión, se sometía a la arrogante destrucción y se sumergía en la vorágine de la barbarie. Cuando trataba de huir, había escuchado unas voces en la tienda del rey. Aún lo ocurrido palpitaba en su cabeza martilleando su mente, parecía como si lo estuviera viviendo todo en ese momento.  —Buscadla, debe estar esc...
Imagen
¡Saludos, viajeros! No os hemos olvidado. En Erthara seguimos trabajando incansablemente al amparo del Astro rojo que con mayor o menor intensidad corona las noches de este lugar que ya es como nuestro segundo hogar, o nuestro primer hogar porque pasamos realmente mucho tiempo.  Como os he contando seguimos trabajando en el que será el primer libro de una serie de historias cuyo eje central son esas Espadas de Eda que daría nombre a toda la colección. Pero antes de nada, lo primero es ese primer libro, Sangre de Hermanos, que cuenta el origen de todo. Esperamos que pronto podáis conocer la historia al completo, por lo pronto, lo que está en nuestras manos, estamos haciendo lo que podemos. No en vano, ya estamos llegando a la recta final de la redacción de esta primera historia. Vamos por el capítulo 22 de un total del cual calculamos que serán 29 capítulos (aunque sabéis como son las musas, a veces caprichosas y acaban contando más de lo que en un principio iba a ser contado). ...

El Lago Espejo

Imagen
Mientras la compañía del rey Eartan se hallaba en la frontera del norte conteniendo a nuevas compañías de Tet Wup que intentaban penetrar en las tierras de Kelthist, los caballeros Aiglat y Driane habían conseguido llegar hasta el corazón del vecino del norte pero aún no habían conseguido hacer saquear la capital de Tet Wup, Kotow. Con los pies sumergidos en la cristalina agua del lago, Annamel podía sentir la fresca sensación del agua mojando su piel. Se encontraba aburrida pero al mismo tiempo inquieta. Todos los caballeros de Alianza de Kelthist estaban inmersos en las numerosas batallas que el reino estaba sufriendo y ella estaba allí, a la espera de noticias qué tardaban en llegar. La brisa era suave y fresca, y el agua lamía la orilla con suavidad, como un amante. La noche estaba cayendo y, por encima de su cabeza, las estrellas trazaban un dibujo de filigrana. No se oía más que el rumor del viento entre los árboles y los suaves golpes del agua contra la orilla del lago. Se...

La Isla de la Media Luna

Imagen
El tiempo estaba cambiando y el invierno parecía haber descendido sobre las tierras de Kelthist repentinamente. Las mañanas aparecían cubiertas de una suave niebla, y el sol apenas era suficiente como para deshacerlas levemente en pequeños jirones que iban desapareciendo a lo largo del día. Abandonaron la ciudad de Tylevost amparados por la noche cubierta de estrellas y no miraron atrás. El hedor de la ciudad devastada los seguía, como un dedo acusador sobre el mal que habían llevado a aquellas tierras en otro tiempo hermosas. Ahora ya no quedaba nada. Sólo piedras muertas. Mientras salían de la ciudad, Adanha paseó la mirada por el campo plagado de cabezas cercenadas que se extendía a los pies de los muros. Un cuervo parecía empeñado en arrancar a través de la carne roja del cuello una vena que le debía parecer especialmente apetitosa. Uno de los ojos del hombre, que un día mirara extasiado la belleza de la noche estrellada, pendía levemente de su cuenca. El otro permanecía tod...

El Castigo de Tylevost

Imagen
Cientos de gaviotas aleteaban nerviosas alrededor del barco. Miró con cierto recelo la costa que por fin vislumbraba hacia el oeste, donde aparecía una delgada línea verde cortando el hasta ahora eterno azul del horizonte. Estremecida por cierta sensación de presagio, acentuada quizás por el intenso viento que azotaba la costa, se abrazó a sí misma, intentando ajustar al mismo tiempo la capa negra que le servía de abrigo. ¿Cuántos días llevaban ya navegando, con las velas negras extendidas, intentando ganar tiempo al tiempo, y luchando contra el empuje del mar? Los días se habían fundido unos con otros, y el tiempo parecía haberse convertido en algo eterno y a la vez difuso en su mente. Se volvió de pronto, y con paso rápido se dirigió a su camarote, buscando refugio frente a aquél viento salado. Cuando entró, el viento cesó de pronto, y agradeció la calma repentina, intensa en su sensación completamente opuesta. Recordaba haber llegado a Tharlond. La ciudad, con sus comerci...

Las Casas de Curación de Semre’en

Imagen
Recostada entre varios cadáveres amontonados, miraba sin ver aquél cuerpo irreconocible que poco antes había albergado sus manos, ahora pintadas del color de su sangre. Se pasó la mano por la cara, y el rastro se sumó al de tantos otros, formando un curioso contraste de tonalidades rojas. No sabía cuanto tiempo llevaba allí. Había perdido la cuenta de las horas hacía ya mucho tiempo, y aunque se esforzaba por retornar a la realidad del momento, y por reunir las fuerzas necesarias para conseguir volver a la ciudad, no lo había conseguido aún, y no sabía si lo conseguiría por sí misma. Cuervos, buitres y lobos se encontraban en esos momentos celebrando un festín a costa de los miles de cuerpos caídos. A lo lejos divisaba de vez en cuando figuras en la sombra de la noche, hombres, trentis o elfos que volvían de regreso a la ciudad. Algunos de ellos apenas conseguían arrastrarse entre los cadáveres. Y eran muchos los que caían desfallecidos, y perecían en el intento. Y es que el cao...