La creación de Erthara I - Entre la vida y la muerte
Iniciamos una serie de artículos en los que os hablaremos sobre cómo ha sido el proceso creativo de nuestro proyecto a lo largo de los años. En este primer artículo, os contamos cuál fue la primera idea de la cual surgió todo, la semilla que acabaría germinando en Erthara.
Hay muchas maneras de concebir un mundo que sirva de telón de fondo para una novela de fantasía. Tal vez un día se te ocurra una idea interesante, por ejemplo, que caiga ceniza del cielo como en Mistborn de Brandon Sanderson, o que las estaciones duren décadas, como en Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Quizás te fascinen los idiomas y decidas crear un conlang (lengua inventada), lo que te llevará a crear a sus hablantes y al mundo donde se hable, como hizo J.R.R. Tolkien. O puede sucederte como a Frank Herbert, cuyo interés en la ecología lo llevó a concebir Arrakis, un planeta donde el agua es un bien preciado. También es posible que lo primero que surja sea la historia de la novela y que necesites idear el universo ficticio en el que transcurra, si decides no ambientarla en un entorno real, como sería la ciudad en la que vives.
Tanto si primero surge el mundo y luego la historia, como si primero es la historia y luego el mundo, se necesita un gran trabajo de worldbuilding. Crear un universo coherente implica definir su geografía, climas, razas, culturas, sistemas de gobierno, religiones, economía, etc. Así es como se consigue que el mundo no sea un simple decorado, sino que se sienta vivo.
En nuestro caso, la semilla inicial fue un conflicto: la rivalidad entre los narelântar y los elthalântar. Incluso una premisa filosófica, el Equilibrio que simbolizan. No en vano, esta idea la desarrollamos para un juego de rol narrativo ambientado en el mundo de Tolkien (La Guerra de los Clanes en la web de ElAnilloUnico.com). Queríamos dos clanes con motivaciones claras para justificar las batallas que ocurrirían en el juego. Así surgió la trama principal de la novela y los personajes principales y muchos de los secundarios. Como éramos jugadores, creamos esos personajes para el juego, personajes que hoy viven en nuestra historia de una manera u otra.
Al principio, concebimos a los nareltha como elfos, pero al cabo de un tiempo nos dimos cuenta de que las convenciones establecidas en la fantasía sobre esta raza nos limitaban demasiado para lo que queríamos narrar. Así, los fuimos moldeando hasta darles una identidad propia. No creamos una raza nueva, sino que optamos por algo intermedio: un pueblo descendiente de medioelfos.
Durante la creación de los nareltha, la primera idea que tuvimos fue que sería un pueblo que realizaría rituales a la naturaleza, con la idea del equilibrio entre vida y muerte presente. Para ello, nos inspiramos en los celtas, los pueblos indígenas de América, el sintoísmo japonés o en la cultura nórdica. Su vínculo con la naturaleza se consolidó con la idea del ennar: un espíritu que acompaña a cada nareltha desde su nacimiento y puede ser un árbol o un animal. Este concepto surgió de la fusión de los kami del sintoísmo y los tótems de las tribus indígenas del norte de América.
Sin embargo, también teníamos que hacer diferencias entre los elthalântar y los narelântar. Ambos clanes eran ritualistas, sí, pero mientras que los primeros orientaban sus ceremonias hacia la vida, los segundos lo hacían hacia la muerte. Para los elthalântar, tomamos inspiración de los druidas celtas, quienes no sólo eran sacerdotes, sino también jueces y consejeros con un profundo conocimiento de la naturaleza. Los bosques sagrados eran parte esencial de sus creencias. En cambio, para los narelântar, cuyo sentido del honor está ligado al campo de batalla, recurrimos a los espartanos: su cultura marcial, su sentido del honor y su relación con la muerte.
Así, a partir de un mismo pueblo, surgieron esos conflictos que darían vida a la trama, «porque aquellos que celebraban la vida, los elthalântar, no entendían la celebración de la muerte, y aquellos que celebraban la muerte, los narelântar, perdieron interés en la celebración de la vida. Dos grupos surgieron, enfrentados entre sí y con un rencor creciente que los fue distanciando aún más si cabe».
Además de la influencia espartana en la sociedad narelânta, nos inspiramos en la Antigua Grecia para su organización geopolítica. Tomamos la idea de las polis griegas para crear los primeros asentamientos de Erthara. En lugar de un reino centralizado, imaginamos un mundo fragmentado en distintas ciudades-estado con identidades, gobiernos y culturas propias, que se aliaban o entraban en conflicto según las circunstancias. Este fue uno de los primeros cimientos de lo que más tarde se transformaría en el mundo que aquí os presentamos.
Así nació Erthara. En un principio, su propósito era ser sólo un telón de fondo, pero con el tiempo ha crecido y adquirido vida propia. Hoy seguimos aún expandiéndolo, para parezca real. Porque, al final, un mundo de fantasía sólo cobra vida cuando quienes lo exploran pueden sentir que existe más allá de las páginas que lo narran.
Me ha encantado conocer el origen de Erthara. Se nota el cariño y la creatividad que hay detrás de este mundo. La idea de los nareltha y la influencia de distintas culturas le da un toque único. Estoy con ganas de seguir descubriendo más sobre este universo y sus historias. ¡Gran trabajo!
ResponderEliminar¡Muchas gracias por tus palabras y por pasarte por el blog!
EliminarDe nada, es un placer visitar vuestro reino.
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